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jueves, 18 de octubre de 2012

Triatlón en La Puebla del Río

Por Luisma.

El domingo 30 de septiembre los socios fundadores volvimos al triatlón con el I Triatlón Cross de La Puebla del Río, Puerta de Doñana. Fran se estrenaba en esta ocasión y lo hacía cerca de casa y Ricardo y yo volvíamos para pasarlo, al menos, tan bien como en el Castillo de las Guardas. Y la verdad es que el día fue especial. Hubo de todo.

Voy al grano porque no tengo mucho tiempo. El día amaneció con una niebla espesa. Cuando llegamos a la Puebla a las 8:30 a.m. aquello más que el Guadalquivir parecía el Támesis. ¡¿Pero cómo nos vamos a meter ahí para nadar?! Dos días antes, a causa de las lluvias del jueves, habían decidido cambiar el trazado de natación para convertirlo en una recta a favor de corriente, porque se esperaban fuertes corrientes para el domingo. Eso facilitaba la cosa, pero acojonaba un poco más. Pero bueno, tuvimos más de una hora para colocar todo el equipamiento en boxes, darnos unas vueltecillas, destemplar nervios, saludar a las mujeres (que estuvieron las tres ahí, aguantando el tipo, con mi enana incluída) antes de meternos en el agua a eso de las 10:10 de la mañana. No estaba nada fría, estaba incluso agradable, no causaba impresión. El susto nos lo dimos a los pocos minutos de entrar porque, con nuestra pachorra habitual, nos quedamos los últimos en la orilla y cuando aún nos faltaba como 50 metros para llegar a la línea de salida suena un grito y todo el mundo a nadar. ¡Esto qué es! Si yo casi daba pie todavía.... En fin.

Por culpa de esta falta de sangre en las venas, tuvimos que nadar rápido, sin calentar y haciendo unos metros más que casi todo el pelotón. Como es lógico nadamos en la cola casi todo el rato (así como vamos a progresar?). Como me puse a nadar rápido desde el inicio no pude colocarme bien y tuve que ir pegado a las corcheras que delimitaban el recorrirdo. El peor sitio, por donde todo el mundo quiere ir  y donde más veces te patean la cara o te hunden a codazos. Eso pasó por lo menos una docena de veces, ¡qué agobio! Pero bueno, fui adelantando a triatletas todo el rato. A Fran lo pasé pronto, nada más empezar. Como para él no hay reglas, el tio incluso se saltó las corcheras y nadó en la parte prohibida un rato, ahí, jugándose la descalificación. A Ricardo también lo adelanté en los primeros 250 metros, o al menos eso creía yo. Ahí me tranquilicé y empecé a nadar a braza cada 50 metros aproximadamente para ver bien la trazada y la llegada al pantalán. Una estrategia que me hizo ir muy cómodo. De hecho fue bastante fácil porque la corriente te hacía la mitad del trabajo. Las marcas de este sector de nado no son marcas reales por esa corriente tan fuerte que nos llevaba aunque no nadáramos. Y ya en el pantalán, cuando toco la madera por primera vez y me pongo a esperar mi turno para salir a 10 cms del culo del triatleta que me precede, me doy el sorpresón de que Ricardo acaba de salir del agua y se está poniendo de pie en la pasarela. ¿Cómo? ¿Me ha adelantado el maquinita? Pues sí, no tiene ninguna importancia, pero no me lo esperaba. Pensaba que iba el primero todo el rato...

Bueno, pasarela del pantalán caminando rápido y a correr a zona de boxes por la moqueta. ¡Qué bonito esos espectadores animando y gritándote sin parar! Un diez por la gente de La Puebla, se merecen tener pruebas de este nivel. Allí en boxes Ricardo está poniéndose las zapatillas de la bici, le digo "qué cabrón, me has adelantado en el agua" y le deseo suerte. Yo decido sentarme en el suelo. Paso de enrearme con las zapatillas, el casco... Me lo tomo con tranquilidad, (demasiada tranquilidad, huevón). De hecho Fran llega a la transición un poco después y casi termina antes que yo. Salimos juntos a recorrer el sector ciclista. La  carrera empieza ahora.

Al principio Fran y yo comenzamos como otras veces. Tranquilos, charlando y en progresión.  Una vez más, varios corredores nos adelantaron en los primeros kms. Lo tengo clarísimo: tengo que entrenar mucho más la bici y sobre todo acortar todo ese tiempo que tardo en entrar en calor. En cuanto que salimos del asfalto de La Puebla me veo un sobre de gel Infisport en el suelo y pienso "este es el del Richar". Así que me pillo mi gel y me lo tomo con un buchito de agua para empujar. Con este movimiento me separé un poco de Fran, pero me puse a meter piñones y a pedalear fuerte y en un minuto llego a su altura con facilidad (ahora lo pienso y creo que ése es el ritmo que debería llevar durante todo el tramo ciclista. No es suficiente ir medio rápido, tengo que ir a tope en la bici para alejarme de esos últimos puestos que suelo ocupar en la clasificación de este segmento). Ir con Fran me ayudó mucho. El coriano, que se conocía el recorrido, me iba diciendo todo el rato las adversidads del recorrido, la cuestas, las grietas, laz zonas peligrosas... También había muchos voluntarios, al menos uno por cada subida y bajada y en las zonas más chungas. Otro 10 a la organización.

Hasta llegar a las cuestas del Monte Gurugú siempre estuvimos entre 22 y 32 km/h. Cuando llegamos al monte, más o menos a mitad del recorrido, la cosa cambió claro. Había alguna cuestaca muy dura y además con las lluvias del dia anterior el terreno estaba inestable y había que ir con los cinco sentidos. Las bajadas no me parecieron especialmente peligrosas, pero había que tener mucho cuidado durante todo el rato.

En una de las últimas subidas, no la más dura, me patinó la rueda en la arena y tuve que echar el pie a tierra. Volví a la bici pronto y el pie encaló bien, pero me rompió totalmente el ritmo en plena subida y Fran se me escapó. Entre los dos iba un corredor también madurito, que se pegó a el Coria como una lapa. Los veia durante todo el tiempo, pero en ese terreno no era capaz de cogerlos. Mi sorpresa fue que cuando salimos del monte y enfilamos hacia el pueblo ya por caminos llanos tampoco podía acercarme. Hubo un momento que me puse a tope para llegar a su altura, pero apenas sobrepasaba los 30 kms/h, iba fundido. En una larguísima recta con viento en contra ya me di por vencido. Adelanté un par de veces a una chica que iba cuarta en la general. Y entré en la transición justo por delante de ella.

Buff, entrar en boxes y esuchar que los primeros ya iban entrando en meta desanimaba un poco. Pero bueno, aún quedaban un montón por detrás y había que da el callo en la carrera a pie, así que menos pensar y a ponerse en marcha.

Nada más comenzar a correr te metían en la trampa del recorrido los 200 metros de subida infernal por la calle Betis, de escaleras y enlosetado, que se continuaban otros 500 metros más por la calle larga. Yo ya conocía la calle y la había subido con fran varias semanas antes, pero es que eso estaba puesto ahí para matarte. Los 5 kms de carrera eran dos vueltas de 2500m con la mitad de subida y la mitad de bajada, pero con esos 200m que te mataban nada más empezar a subir. Como en el Castillo, fui bien, un ritmo constante, nada matador ni echándolo todo, el que tus propias patas te ponían, ahora mandan ellas, siempre lo digo. En todo caso pude apretar más, cada vez que nos cruzábamos con las chicas y con la enana, en vez de motivarme y apretar, bajaba un poco el ritmo para saludar y hablar. No es que no me sirvieran de motivación, es que me servían de excusa para descansar un poco. Me sale un ritmo medio total de 4'35"/km, aunque en la segunda vuelta fui un poco más rápido que en la primera.

Y tras la enttrada en meta, pues destacar la cuña de Las Melonas que me metí entre pecho y espalda. Que rica! Solo por eso merece la pena ir a correr a La Puebla. La verdad es que desde aquí felicito al Club Ateltismo Puebla porque está demostrando que querer es poder. Seguro que dentro de muy poco estamos algunos de nosotros corriendo por allí, a la vera del Guadalquivir.

Por nuestra parte, un día redondo. Una prueba muy bonita, una mañana estupenda en la que volvimos a divertirnos probando el deporte de moda (aunque quiero seguri mejorando en ciclismo, por mi parte esto sigue siendo un divertimento, paso de los tiempos y de sufrimientos, eso lo sigo dejando para el running). Y luego un rato muy  cachondo que pasamos allí en La Puebla unos pocos que nos quedamos a comer y a beber, claro, que hay que rehidratarse.

martes, 19 de abril de 2011

El triatlón de los inconvenientes

Por Ana.

¿Por dónde empezar? Va a ser mejor si empezamos por el principio, ¿no? Pues eso. Belén (alias “la amparo”) y yo quedamos el mismo día del triatlón para recoger los dorsales en el Hotel Barceló. Entramos, recogimos todos los artilugios (pegatinas, chip, gorro, pulsera, etc.) y echamos un vistazo a los stands de la feria del triatleta. Me compro una cinta para sujetar el dorsal por el módico precio de 10 € y seguidamente pasamos a otro stand donde las vendían a 5 pavos, primer golpe de suerte del día (la amparo, que es muy lista, se la compró aquí). A continuación, nos dirigimos a coger mi bici del coche. La saco y, casi sin darme cuenta, cierro el maletero, que se queda medio pillado y… ¡ohhhhh, las llaves están dentro! Efectivamente, había sacado la bici pero no todo el material que tenía que depositar en el box. Rápidamente nos vamos a un stand en el que se podían poner las bicis a punto y le pedimos a la gente de allí que nos guarden las bicicletas, que hemos tenido un problemilla y tenemos que ir volando (porque el box lo cerraban a las 15.30 h.) a por unas llaves de repuesto del coche. Al final llegamos a tiempo para poner todas las cositas bien puestas en el box (momento en que se me rompe el dorsal) y así perder el menor tiempo posible en la transición. Entre pitos y flautas eran las 4 de la tarde cuando empecé a comer. Breve siestecita luego y pitando para el CAR, no sin antes ingerir un ibuprofeno para el leve dolor de cabeza (seguro que era por el estrés del jartón de correr que nos habíamos metido por la mañana).

La primera en la frente. Para aparcar tenemos que hacerlo en los aparcamientos que hay cerca del rokódromo del puente del Alamillo, cosa que veo fenomenal si no fuera porque el acceso está en la parte más cercana al roko, lo cual te hace dar una vuelta tremenda para salir del aparcamiento. Pienso: coño, ¿por qué no abren por el otro lado más cercano al CAR? Pues esta caminata tuvo sus consecuencias: una rozadura y una ampolla (las mierd… de chanclas).

La segunda también en la frente. Al llegar a la puerta del CAR me mosquea un poco el hecho de que la gente no esté colocada detrás de las vallas. Evidentemente, es la peña la que tiene la responsabilidad de hacerlo, pero tampoco vi a la organización hacer nada al respecto. Y sí, hubo varios triatletas que al pasar con las bicis soltaron un grito viendo a la gente cruzar sin más. Ya dentro un poco de caos. Veo a un participante discutiendo con una de las voluntarias que le había cerrado la puerta del box en la cara. Tuvo que venir alguien de la organización para explicar por megafonía las normas, cómo se hacían las transiciones, etc.

Y llegó el momento, ¡super sprint al agua! Y allí estábamos la amparo y yo con la risa tonta antes de empezar. La verdad es que esta parte de la prueba no se me hizo tan insufrible como el año anterior, pero la explicación no está en el entrenamiento (hacía justo un año que no nadaba), sino en el relax con el que me lo tomé. Pasaba de ir a full desde el principio. Lo hice a croll, pero las piernas, que es lo que más me suele cansar, las utilicé más bien poco. Subí la rampita corriendo (sin la cara de poema del año pasado, Luis) y me dirigí a mi box. Empecé a notar un mareo curioso, así que me puse la camiseta, las mallas y… tuve que sentarme. Entonces pensé: paso, me da igual perder tiempo en la transición, vaya empanamiento que tengo. Logro colocármelo todo y veo a la amparo que está buscando desesperadamente un broche que se le ha caído de la cinta “sujetadorsal”, claro, lo barato sale caro, jaja. Lo encuentra y salimos pitando. Primera vuelta en bici alrededor del Parque del Alamillo, y cuando llegamos de nuevo a la rotonda del CAR los voluntarios nos indican que continuemos hacia el interior del CAR, yo, en ese momento, pienso que hay que darle una vuelta a la rotonda para subir hacia el puente del Alamillo, pero cuando me doy cuenta, estoy dentro del CAR. Entonces se me ocurre que lo mismo hay que salir por otro lado para subir al puente, pero no, los voluntarios nos indican hacia el box, a lo que nosotros (éramos como diez) les decimos que no habíamos hecho aún los 10 km. En ese momento, dos miembros de la organización, de los que van montados en moto, me dicen de reguleras maneras que estoy obligada a saber el itinerario. La verdad, ni les contesté porque me iba a cabrear más de lo que estaba. Le grité a la amparo: vamos, vamos. Salimos de nuevo del CAR y pasé por encima de una precinto para subir dirección al puente, en fin, ya que nadie de la organización sabía decirnos qué teníamos que hacer, tiré por donde me dio la gana. En la bici fuimos más o menos bien, aunque tenemos la sensación de que adelantamos a menos gente que el año pasado. Bien es verdad que había un vientazo en contra de la leche. Hubo amago de salirse la cadena, aunque me libré. Pero la amparo no se libró de otro pequeño percance, se le cayó el bidón de agua y lo atropelló, jaja. El momento de “pérdida” me había robado concentración e ilusión, pero volví a retomar un poquito de ambas cosas cuando vi a mi hermano en la pasarela de Cartuja corriendo junto a nuestras bicis y dándonos ánimo.

Llegamos al CAR, soltamos las bicis y empezamos a correr. Las sensaciones fueron infinitamente mejor que las del año pasado. Las piernas, aunque un poco raritas, respondían más o menos. Justo al salir del CAR estaba el avituallamiento en el que nos esperaba un pasillo de… ¿unos doce voluntarios? Que conste que suelo agradecer infinitamente a la gente que te anima en este tipo de pruebas y normalmente les aplaudo a la vez que ellos nos aplauden a nosotros, pero la sensación de pasar por un túnel con gente “gritándote” no fue nada agradable. Lo entiendo: jóvenes, voluntarios y con ganas de pasarlo bien, pero agradecería que para próximos años hubiera un poquito de menos efusividad en este aspecto. Esto me mosqueo un poquito más… Continuamos la carrera las dos amparos juntas. El primer km me encontré más o menos bien, pero de momento vino la sensación chunga (aunque adelantamos a varios triatletas), me entró el flato y veía que Belén miraba de reojo para ver dónde iba yo. Me agobié, no me gusta que me esperen y más cuando veo que la otra persona va genial, así que le grite: ¡dale tú, dale tú!! Y ella me gritó: ¡coño, venga ya!! Jaja, vaya gritos que nos metimos, amparo, jajajaja. Habían cambiado el recorrido con respecto al año pasado, pasamos por un trozo con mogollón de piedras, no veía la meta y mi cabeza ya se había ido de parranda. Al final entramos las dos juntas, por mi parte, con más pena que gloria, pero lo terminamos. ¿Tiempo?? Ni idea. La amparo no llevaba crono, a mi se me olvidó poner en marcha el mío, tampoco vimos si había tiempo a la llegada y a día de hoy (lunes), no han salido las clasificaciones, vamos, un desastre.

En definitiva, me ha quedado una sensación rara, no sé si el año que viene me inscribiré, siento que no lo he disfrutado todo lo que debiera, porque cuando la organización no funciona la cabeza tampoco. Aún así, siempre es un gustazo hacer cosas junto a mi amparo.