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miércoles, 8 de agosto de 2012

Un triatlón en agosto: somos Los Últimos

Por Luisma.

Empiezo por el final: ¡Somos triatletas! Aunque la sección femenina del club, nuestras champions Ana y Belén, ya son veteranas en este duro deporte, de los tios ninguno nos habíamos atrevido todavía con el triatlón. Y ya tocaba. Hace un par de meses nos propusimos estrenarnos y hacerlo a lo grande, en el IX Triatlón de Montaña del Castillo de las Guardas que se celebró el sábado 4 de agosto. Y tras un plan de 60 días, allí estábamos Ricardo y yo, dispuestos a meternos en otro fregao de los que nos gustan a nosotros. 500m de natación, 16 kms de bici de montaña y 4 kms de carrera a pie nos separaban de la gloria (categoría sprint para empezar, el olímpico todavía no, pero no tardaremos mucho...)

Así que el sábado 4 nos plantamos los dos colgaos a orillas del lago de la Reserva del Castillo de las Guardas, un sitio que conozco muuuy bien. Por el camino recogimos a David, un colega del Richar que ha hecho unos cuantos triatlones y nos dio buenos consejos. Un saludo crack. Tanto él como otros conocidos nos decían que lo peor de este triatlón eran los 4 últimos kms a pie, por el pueblo. Pero a nosotros dos, a dos runners como nosotros :) no nos daba ni mijita de miedo la carrera. A mí me temblaban las piernas pensando en las cuestacas del recorrido en bici y el talón de Aquiles de Ricardo, que es un máquina sobre las dos ruedas, era la natación. Pronto comprobaría que 500m no dan para tantos miedos. Yo calenté un poquito en el agua, pero este perro ni se mojó un pie hasta que llegó la hora de salir.

A las 10:30 salieron los federados y tres minutillos después nos pusimos a nadar nosotros. Bueno, bueno, yo sabía que la cosa sería desordenada y no habría mucho lugar para tirar de técnica, pero fue peor todavía. Había que hacer 250m de ida hasta una boya, rodearla y volver por la otra parte de unas corcheras. Pues en la ida calculo que nadaría a crowl menos de 100m. Todo el tiempo rodeados de brazos y piernas que me pateaban la cara y lo que no es la cara. Más de la mitad de la distancia estuve nadando a braza y mirando por la superficie. Un caos. David nos recomendó nadar lejos de la gente, sin acercarnos mucho a la boya para estar más tranquilos, pero qué va, fue escuchar la sirena y meterme en todo el atasco... A la vuelta de la boya la cosa se despejó un poco más y sí que pude nadar más concentrado. Quizás por eso se me hizo más larga esta segunda mitad. Aquí adelanté a unos cuantos incluso, pero con la impresión de haber nadado lentísimo (en el próximo pienso concentrarme más en la natación, porque se puede adelantar a mucha peña que pasa olímpicamente de este segmento. Vimos a uno nadando a espalda con los dos brazos a la vez, en plan balneario, vaya).

Cuando salgo y voy a ponerme las zapatillas pensaba incluso que me encontraría a Ricardo alli, que aunque él tire menos nadando, yo pensé que mi tiempo sería un fracaso. Pero cuando vi el crono me llevé el alegrón, 09:50 ¡mejor que en la piscina! Cuando me estaba poniendo la segunda zapatilla llegó Ricardo, que me dijo que no le esperara y tirara a por la bici (tampoco pensaba esperarte, sabía que me cogerías luego). Avituallamiento de gel, cojo uno y pal bolsillo. Me monto en al bici y aunque en la zona de transición hay movimiento, bicis aparcadas apenas quedarían un 20%. Bueno, lo previsto.


En cuanto comienza el tramo en bici ya vienen las cuestas. Así que decido tomarme el gel sin perder más tiempo, a ver si me va a hacer falta ya. Atravesamos la zona de la Reserva donde viven los emús y las avestruces y salimos del recinto subiendo el cerro de los guanacos (jeje, me conozco de memoria cada bicho del parque). Y en la primera cuestaca importante, intento cambiar plato y piñones, casi a la vez, y zas, se me sale la cadena. En lo peor de la cuesta. Pongo la cadena en cuestión de segundos, pero ahora ¿quién es el guapo que arranca la bici en ese desnivel? No podía, me subía y al estar en plato pequeño me patinaba y echaba el pie a tierra. Y con los rastrales que llevo yo, peor, porque no podía apoyar el pie. En el tercer intento veo que algunos suben la cuesta a pie, pero paso de darme por vencido... Sigo intentándolo. En esas estoy cuando me adelanta Ricardo. Me grita "Luis, mete plato pequeño y a subir" yo le digo que se me ha salido la cadena y él tira para adelante (a él se le saldría dos veces durante el recorrido.) Bufff, estoy to rayao y llevaremos solo dos kms... En un intento más consigo subirme y pedalear un poco, cojo ritmo y venga, ya estoy cuesta arriba. Hice toda esa cuesta con los pies fuera de los rastrales, lentito, pero con Ricardo ahí delante, una buena referencia para mi. Y para la bajada que venia ahora fue una referencia brutal, yo creo que me mato si no es porque seguí todo el tiempo la trazada del Richar. La salida de la Reserva era mediante la "cuesta del cortafuegos", algo que la gente comentaba pero que nosotros desconocíamos, claro. Y tenía sus razones para ser tan conocida... infernal: tierras, piedras sueltas, torrentes secos... en una cuesta de unos 200m con un desnivel que daba miedo, pero miedo de caquita. Si no fuera por el nervio de la competición, esta cuesta yo no la bajo encima de la bici ni loco. Pero en las carreras ya se sabe, se mete uno y que sea lo que Dios quiera. Y no debía de ser mi hora porque no me maté. Ni siquera me caí. Bajé siguiendo la trazada de Ricardo, con los frenos a tope y muy acojonao...

Después de la cuesta ya se metía el recorrido en los carriles por donde discurría casi toda la prueba de ciclismo. Un recorrido precioso, por la sierra, con mucho desnivel y tres subidas importantes. En ningún momento tuve que poner el pie a tierra, algo que hacían muchos trialtletas de esta cola del pelotón. Es más, en las subidas siempre adelantaba a uno o dos. Luego algunos me adelantaban a mi, sobre todo en las bajadas, pero por lo general me comporté bastante bien. Durante todas las subidas recordé un consejo que me dió mi compi de fatigas unos meses atrás "en las subidas lo importante es mantener cadencia de pedaleo" y me sirvió, vaya si me sirvió el consejo, máquina. Sería por el km10 o así, ya el Richar se me había escapado hacía tiempo, cuando empecé a disfrutar de verdad del recorrido. Había subido casi todas las cuestas gordas tirando de plato pequeño y bastante lentito, la verdad, pero con buena cadencia y sin demasiados problemas, así que me relajé y empecé a disfrutar del recorrido. Seguía adelantando a gente y de vez en cuando alguno llegaba a mi altura. Cuando llegué a la última cuesta, de unos 2,5kms, en mi cabeza ya no estaba el fantasma de subir andando, así que tiré de plato, de riñones y me puse arriba antes de lo que pensaba. Adelanté a un tipo que iba super atrancado, de esos grandes, maquinones, que llevan el apellido impreso en el mono... Era la viva imagen de la pájara, porque en condiciones normales yo no adelanto a este berraco ni de coña. Le di unas palabras de ánimo y tiré hacia la última cima del recorrido. (Me quedé pensando que no todo es la preparación con la que uno llega a la competición, que también afecta y mucho el cómo esté el cuerpo ese día, el calor, no haber desayunado o dormido bien... hay un montón de factores que pueden joderte la carrera y muchas veces no los tenemos en cuenta.)

Los últimos 3 kms eran todos de bajada y por asfalto. La bici volaba, desde luego, pero yo bajé con cuidadito, en este momento no iba a arriesgar ni un pelo, porque podía acabar uno muy chungo al final del barranco. Aún así adelante a una triatleta, que iba más acojonada que yo, imagino. En la entrada en el Castillo te cruzabas con los primeros y los últimos metros de la carrera a pie (sí, la calzada estaba dividida en 3 partes) y te dabas cuenta que los que decían que la carrera a pie era lo más duro no iban muy desencaminados, porque vaya cuestaca nada más empezar.

Transición rápida, aunque David me aconsejó un orden de desvestir/vestir, yo dejé la bici, me quité el casco y me puse el dorsal y la gorra liándome un poco, di un par de buchitos al agua (caliente)  y a correr. La verdad es que
las piernas mucho peores, después de casi una hora subiendo y bajando montes con la bici. Por la adrenalina salí a correr por debajo de 04:40, pero esa primera cuesta del recorrido me bajó los humos rapidito. Las calles del Castillo de las Guardas están llenas de cuestas, pero es que en esta carrerita, para darle más tema, el recorrido iba por una carretera que salía del pueblo que tenía más desniveles aún. Y ni una sombra, claro. Y era 4 de agosto, sería cerca de mediodía, corríamos por asfalto... imaginaos. En el km1 aproximadamente me crucé con Ricardo y nos chocamos las manos. ¡Vamos máquina! La verdad es que veía a la gente mucho peor que yo. Adelanté a unos 8-10 triatletas sin incrementar ni un segundo el ritmo (hacerlo hubiera sido un suicidio).  Se sudaba de lo lindo y tras una cuesta, siempre venía una bajada y luego otra subida. Siempre por asfalto. Y no podías bajarte la cremallera del mono porque los jueces daban avisos y tarjetas amarillas por ese tema tan absurdo (!) (a Ricardo le dieron un aviso). Al menos en los dos avituallamientos el agua estaba muy fría, se agradecía.

Por fin retomé la carretera de salida del pueblo en dirección contraria. 500 últimos metros de subida para terminar con este infierno. Un poco de agua, cuestaca abajo, la meta ahí delante... Por fin! Soy triatleta. Era duro, mucho la verdad, pero para ser totalmente sincero en ningún momento sufrí hasta acercarme al límite, como me ha pasado en muchas carreras y en todos los maratones. Sudé hasta por las pestañas, las piernas dolían en la bici, la carrera a pié era un infierno en sí misma... pero en ningún momento tuve ese sentimiento de "que se termine esto o me muero" que he sentido muchas veces. Por eso estoy contento. Porque una vez más nos preparamos correctamente y nos estrenamos de una forma más que digna en este deporte. Y estreno significa que aquí hemos abierto una puerta que estoy seguro que cruzaremos otras veces. Al menos el maquinita de Ricardo y yo. Porque, creo que puedo hablar por los dos, nos lo pasamos muuuy bien en El Castillo. (Por cierto Máquina, otra vez estrenamos juntos una distancia, una disciplina, un nuevo reto).

El tiempo es lo de menos, 1h34 y pico, no se puede comparar con nada porque el perfil de montaña lo hace diferente a cualquier otro.  Bueno sí, lo compararemos con el del año que viene. Porque aunque falte mucho tiempo, el X Triatlón del Castillo ya está ahí, en el punto de mira.



martes, 5 de julio de 2011

Eso es todo amigos...

Por Luisma.

En una fecha en la que ya no deberíamos correr carreras, el 1 de julio; a una horita en la que lo que deberíamos hacer es beber cervezas, las diez de la noche y sobre todo por unas avenidas donde NO se debe estar un viernes por la noche, las avenidas del PISA, el parque industrial donde yo trabajo... Con estos exóticos ingredientes nos presentábamos unos cuantos locos de los Últimos del Aljarafe para cerrar la temporada 2010-2011, en la Carrera de Empresas del PISA.

Ahí estaban los tíos y la tia: Ana, David, Arturo (muy bien acompañados los "benacas" por todas sus familias, que se están haciendo ya habituales acompañantes del club), Juanma, Ricardo y un servidor en el fin de semana de la primera ola de calor del verano. De hecho cuando terminamos de calentar (esta vez hicimos por lo menos 1500 m de calentamiento, todo un record) yo ya había empezado a sudar bien, no tres gotitas en la frente, sino brazos y cuerpo mojados del todo.

Yo aún estaba recuperándome del esguince que me hice en Alcalá, solo dos semanas antes. De hecho aún tengo la inflamación. Pero tanto el fisio, como mi fatiguismo y el hecho de estrenar mis nuevas Adizero Boston (pequeñas: la temporada que viene tenéis que darme grandes momentos ok?) me animaron a ponerme bajo el arco de salida del PISA. Había entrenado ya fuerte durante la semana, pero una carrera es otra cosa, se corre más y se piensa menos, así que debo reconocer que aún me daba un poco de miedo el tema del tobillo. Mis planes (mis planes y los de Ricardo, que nosotros lo planeamos todo en pareja) eran intentar salirme del pellejo para ver si podía optar por un buen puesto en la clasificación de trabajadores del parque. Pero desde el mismo momento en que me torcí el tobillo esos planes se fueron al carajo, así que ya no venía con esa intención. Pero bueno, estaba inscrito, mis colegas del club estaban ahí, llevaba todo el día metido en casa... ¿había otra cosa mejor que hacer que acercarme a la carrera y correrla? Pues claro que no.

Ya nos hemos acostumbrado al elitismo y a salir rápido, así que de nuevo nos colocamos bajo el arco de salida. La verdad es que había un buen puñado de maquinitas. Yo no sé si en verano los "pseudo-élite" proliferan, o los papas fritas pasan de correr con el calor, pero yo en cada carrera que pasa veo más máquinas. Pues ahí estaban todos cuando sonó el disparo, alrededor nuestra. Y claro, salimos rápido, como siempre. Nada más salir, el recorrido te advierte que van a haber desniveles. En la calle Manufactura, los primeros 450 metros son de subida. Y aunque me gusta salir rápido, esta vez dejé que Ricardo y también Juanma se fueran para adelante todo lo que quisieran. Me puse a la altura de Arturo y David y ahí subimos los tres esas primeras cuestas. Y en seguida, la calle Brújula, de bajada. El recorrido de esta carrera es un continuo calle larga en un sentido, calle larga en otro sentido, y en cada calle una subida y una bajada. Pues ahora la calle Brújula era de bajada, por lo que me separé deliberadamente de los benacas porque sabía que luego subiendo me pasaría lo de siempre. Aunque me puse a tirar de zancada, yo notaba que no le estaba metiendo caña de verdad, tenía un poco de miedo por mi tobillo, que no me molestaba en absoluto pero seguía ahí, con su hinchazón. Cuando terminó la bajada y vi que no me iba a atrever a darlo todo, eliminé las pocas esperanzas de hacer un carrerón y empecé a pensar más en disfrutar que en sufrir. (Aunque sufrí un montón todo el rato, con ese calor nocturno que hacía). En esos pensamientos estaba cuando pasamos por el km1, que hice a 4'09".

Terminamos la calle Brújula y seguíamos corriendo por la ampliación del parque, donde la carrera cambiaba de sentido y otra vez para el PISA antiguo por la calle Comercio. Ahora iba a un ritmo constante, aunque empecé a notar que había corredores que me adelantaban ya con fuerza. Son esos que hacen la estrategia, correcta, de empezar flojo para calentar y luego ir subiendo revoluciones y adelantar muy fuerte a partir de la mitad de la carrera. (Más o menos lo contrario que yo suelo hacer...) Tras una pequeña bajadita donde se pasaba por la marca del km2 (4'10") llegaba la cuesta gorda de la carrera. Y justo al principio de la cuesta, a mi derecha, el Edificio Forum Industrial, o lo que es lo mismo, mi querida oficina. Rara imagen la que ofrecía el sitio donde curro por la noche. Entre fantasmagórica y simpática. Durante el día a día no me parece ninguna de esas dos cosas, pero ahora, vestido con mi equipación y calzando mis flamantes Adizero, me sentía en cierto modo en un estado superior a cuando entro por aquí a las 8 a.m. durante el resto del año. No sé cómo explicarlo... son esas cosas mágicas que te da el running.

Y subiendo la cuesta, se acabó la magia, la verdad. Aquí empecé a pensar que la falta de entrenamiento de la semana de reposo del esguince me estaba pasando factura. Pero eso no era, era más bien mi incompetencia total en las subidas (¡hay que entrenar cuestas a saco la temporada que viene, chaval!). De todas formas Juanma estaba muy cerca, apenas 200m y Ricardo aún podía verse por delante. La cuesta de los huevos tenía un regalito extra, cuando terminaba la calle girabas a la izquierda y la pendiente se acentuaba por la calle Juventud (hasta llegar a la trasera de Videoplaning). Y justo ahí se empezaba a bajar por la calle Lonja, donde estaba el km3, que hice a 4'35". Ya era casi de noche, habían pasado menos de 15 minutos desde que salimos, a pleno día y ahora ya había caído la noche. Un nuevo giro y la bajada continuaba por la calle Exposición, paralela a la autovía. Y ahí empecé a escuchar una musiquita que sabía que oiría tarde o temprano. Era Arturo con su mp3 con altavoces, animando a los corredores cercanos...

Me saludó y nos pusimos a tirar juntos. No sé si él se tomó un respiro al llegar a mi lado, pero rodábamos muy cómodos los dos sin querer separarnos, de momento. Nos pusimos a hablar un poquito. Sobre su musiquita, le enseñé mi oficina cuando pasamos por la otra esquina de mi edificio en la calle Diseño, sobre las empresas que él visita cuando viene al PISA... Así llegamos al km4, donde yo marqué un parcial de 4'27" (él haría algo menos porque en el km3 aún no venía conmigo). Y por ahí aproximadamente, cuando volvíamos a entrar en la ampliación del Parque, cogimos a Juanma. El de Sanlúcar no iba mal, evidentemente estaba dándose un pequeño respiro para acabar bien (eso lo demostró luego). Así que hicimos grupito los tres y nos fuimos animando unos a otros durante un km más.

Avituallamiento, donde casi todo el mundo se refrescaba más el cuerpo que bebía (yo hice mitad y mitad) y la carrera volvía a enfilar hacia el PISA antiguo y la puerta de Sevilla, donde estaba la meta. En el km 4,5 vi que Juanma se quedaba un poquitín y le dije que enganchara. Él me dijo que iba bien, que no se estaba quedando y tenía razón. En cuanto la carrera enfiló la larga recta de las calles Balance y Artesanía el tío se puso a tirar con intención de irse solo. Había dos subidas y una bajada en el medio. La primera subida la hice fuerte, aunque vi que Arturo tiraba a por Juanma y yo me quedaba. Ahí estaba el km5 en el que marqué un discreto 4'45" por km. En la bajada recorté distancia con ellos, pero sin importarme el no contactar. "Que se peleen ellos dos" pensé. Y en la última subida, la que te llevaba hasta el edificio Euro (el redondo) y ya a meta, una subida de apenas 600m pero de pendiente sostenida, me puse a lo mío, a mirar al suelo y a meter rodilla, corazón y ganas (pocas, porque no había muchas ganas ya, pero bueno). Cuando llegué a lo más alto la sensación era de triunfo, la meta estaba a 300m y todos de bajada.

Junto a mí, subió un chaval que fui viendo durante toda la carrera. Por cómo corría y jadeaba no parecía que llevara mucho tiempo corriendo, pero estaba fuerte el tío y sabía recuperar y meterle velocidad en cualquier momento. Y claro, ahí tan cerca de meta quiso dejarme atrás para entrar por delante. Y sí, yo soy un tío adulto, con experiencia y podría pasar de él y no picarme para entrar en meta. Pero sinceramente, había hecho una carrera más o menos cómoda y tenía todavía un puntito extra para joderle los planes al colega. Así que, maricón el último y a meter zancadas y técnica. Es una idiotez, pero te da subidón terminar así. Y es una idotez esta frase, pero el chaval no me duró ni cien metros. Así que después de saludar a mi compi Celia (ya te he visto en unas cuantas carreras, Guarmi) entré en meta por debajo de 03:40, con la moral bien alta y el tobillo sin dar señales de alarma.

El tiempo es lo de menos, como siempre, pero hice 27:38 (oficial). Y me parece raro que no me sacara más, pero Ricardo me sacó solo un minuto (que ya está bien para 6500m, pero bueno). Ahí en medio de ese minuto entraron Juanma, que termina la temporada en alto y Arturo. Y un minuto y pico por detrás entró David, que pulverizará todos estos tiempos la temporada que viene, cuando cambie de cuerpo, según él mismo asegura. Por último, pero como una verdadera campeona, entró Ana corriendo bastante bien, fuerte y con buena cara y eso que venía de un par de meses sin correr y con molestias continuas en una rodilla. Ya en meta quedaba por recoger nuestros trofeos: las cerverzas fresquitas, que aunque están en todas las carreras, parecen que se han hecho para nocturnas de verano como ésta (no veas cómo entraban).

EDITO EL POST: Aunque Juanma, Ana y yo nos quedamos un rato más degustando esos "trofeos" fresquitos, nuestra falta de costumbre con los podios hizo que no nos diéramos cuenta que Ana era ¡la campeona en la clasificación de los trabajadores del PISA! Si señor, en lo más alto. Ya digo que la falta de costumbre hizo que nos piráramos para casa sin disfrutar de ese momento glorioso de nuestra Amparo recogiendo trofeo de verdad (bueno de verdad, plateado al menos) y seguro que hasta la llamaron por megafonía. Pero bueno, he aquí una foto de la recogida de los premios el jueves siguiente a la carrera. Felicidades campeona!

Así que ahora sí que sí terminaba la temporada 2010-2011. Ahora sí que sí terminaba la PRIMERA temporada real para nuestro club. El año pasado también celebramos el fin de la temporada de carreras, pero entonces éramos tres amigos que habíamos firmado en un papel que nos habíamos descargado de la web de la Consejería de de Turismo, Comercio y Deporte y aunque eso nos convertía oficialmente en Club Deportivo, realmente un Club somos ahora. Y lo somos gracias a todos vosotros. Así que me vais a permitir que, aunque esta sea la crónica de mi carrera, actúe un poco de presi y os cite y agradezca vuestra entrega uno por uno: Jose, Salva, Juanma, Manolo, Ana, Belén, Sonia, Juanra, David, Kiko, Arturo e incluso a vosotros tres, "socios fantasmas" Fran P, Fran S e Iván. Gracias a todos porque con vuestras ausencias y vuestras presencias habéis hecho realidad lo que un día soñamos Ricardo, Fran Coria y yo. A lo largo de este año de running, otros sueños se me han hecho realidad, como completar mi primera maratón. Pero el sueño de crear y pertenecer a este CD Últimos del Aljarafe es el más increíble de todos. Así que gracias a todos vosotros por hacerlo posible.

Estas palabras cursis no son ninguna despedida hasta septiembre. Nos vemos en verano, por supuesto, para rodar de madrugada a alguna hora freaky (cómo me mola eso) o a pleno día y deshidratarnmos por esos caminos... Para todo estoy disponible, siempre. Así que ya sabéis dónde encontrarme.

Clasificación VII Carrera de Empresas del PISA

lunes, 30 de mayo de 2011

Montequinto tiene cuestas

Por Luisma.

Ayer corrimos la XI Carrera Popular de Montequinto, que organiza la Peña los 40. Una de esas carreras conocidas de Sevilla, que ninguno de nosotros habíamos corrido. Así que casi todos conocimos calles que nunca habíamos pisado y sobre todo una cosita que ya no olvidaremos: Montequinto tiene unas cuantas de buenas cuestas. El nombre ya da una pista, la verdad, pero cuando entrenamos el Richar y yo el martes por ese barrio de Dos Hermanas (sí, somos muy fatigas), nos dimos cuenta que la carrera podía ser durita, por culpa de esas pendientes y el hecho de que ya estemos entrando en inFierno (esa estación propia que tenemos aquí y que sigue a la primavera).

Pero ¿quién dijo miedo? En los Últimos no hay cobardes y correr es de valientes, así que Kiko, David, Arturo, Salva, Juanma, Ricardo y yo madrugamos una mijita y a las 08:15 ya estábamos en la parada del metro dispuestos a divertirnos y a sufrir también, todo hay que decirlo. Especialmente dispuesto a sufrir venía Kiko, que se traía de casa unas rozaduras de cuatro dedos de anchas en el muslo y en el brazo. Después y durante la carrera vería las estrellas cuando se mezclaron con el sudor. Y es que el entrenamiento cruzado es lo que tiene, máquina... También nos acompañó el padre de David, que nos hizo esta vez la típica foto de grupo.

Tras usar mi coche de guardarropa y calentar la miajilla que nosotros calentamos, pistoletazo de salida y a correr. Ya en los primeros metros y a pesar de ser las 9 a.m se notaba el picorcillo del sol, hoy íbamos a sudar. Salí junto a Ricardo como hago últimamente, adelantamos al resto de miembros del club, pero en los primeros 500m dejé que se marchara él solo, no me iba a tomar muy en serio esta carrera y en la primera de las cuestas lo demostré. Era en el km 1,2 y no iba a dejar de picar hacia arriba hasta el km2. Lo ví clarísimo: "paso de apretar, bajo el ritmo subiendo y luego ya veremos cómo acabo, que los 3 últimos kms son de bajada". Había mantenido un ritmo de 04:20 hasta ahora, pero en la pendiente empecé a manejarme con ritmos de 04:50 y por encima de 05:00 min/km. Por eso Juanma llegó a mi altura con facilidad.

Yo creo que el hecho de haberse metido esta semana las series en solitario le vinieron bien, tanto a sus piernas como al coco, que es más importante todavía. Así que corrí con él varios kms dejando que él pusiera el ritmo. Un ritmo nada malo. Ricardo no se escapaba, se veía por delante todo el tiempo. Coronamos esa primera cuesta en el km2 con un parcial de 04:44. Del 2 al 3 bajábamos la avenida de Los Pinos, de nuevo en dirección autovía, por lo que aumentamos el ritmo a 04:23. Pero ahí volvían los toboganes, vuelta a subir por San José de Calasanz y la Avenida de Venecia. En esa subida Juanma empezó a despegarse de mí y yo me relajé premeditadamente. Eso tuvo una consecuencia directa: Arturo y David llegaron a mi altura.

Pensé que haríamos un grupeto de tres, pero no, Arturo siguió subiendo a un buen ritmo y yo me quedé junto a David. Pero esta carrera tenía el castigo de las subidas y, sobretodo en mi caso, el regalo de las bajadas. Así que al pasar por el cartel del km4 (parcial de 04:43) de nuevo bajábamos dirección autovía. Y como bajar se me da muuucho mejor que subir, me propuse recuperar todo lo perdido y así lo hice. Apreté los puños, tiré de técnica y en unos 400m estaba rebasando a Arturo y en 200m más, llegando a la altura de Juanma.

Corríamos por el km 4,5 aproximadamente, estábamos otra vez en paralelo a la autovía y, ahora sí, llegaba la subida gorda de esta etapa pirenaica del Tour. Habíamos subido y bajado la Marie-Blanque y el Aubisque... pero ahora empezaba la subida al Tourmalet. Nada más empezar la cuesta Juanma volvió a alejarse de mí. Y yo relajé el ritmo hasta que Arturo llegara a mi altura. Lo hizo pronto, más o menos en el cartel del km5 (parcial de 04:34) y entoncés decidí pegarme a él todo el tiempo que pudiera. En el avituallamiento iba concentrado y no cogí agua, pero Arturo hizo de buen compi y me la pasó. "No se lo eches al ipod" me dijo el cachondo, pero al momento algo debió de hacer él porque se puso a sonar música por el altavoz de su móvil (que lo usa como podómetro). Así que mira que bien, sufriendo pero acompañado de un compi y con musiquita de fondo. ¿Qué más se puede pedir?

Los que conozcan el Tour de Francia, sabrán que el Tourmalet es un puerto largo, de 23kms, con dos posibles finales (la Mongie y Tourmalet) y que se reserva lo más duro para el final. Pues a la escala correspondiente, esta subida de Montequinto es parecida. Del km 5 al 6 todo es subida y del 6 al 7 hay un par de toboganes para coronar en lo más alto del Parque de los Pinos en el km 7,2. Pues antes de llegar al cartel del km6 Arturo volvió a despegarse de mí y ya me quedé solo bastante tiempo. Hice este parcial del km6 a 05:00 y gracias... En el 6,5 se volvía a pasar por la Avenida de Europa y luego se giraba para coger la calle Cerro Gordo (el nombre lo dice todo). David debía venir cerca por detrás. Justo antes de la última cuesta y la más dura de todas (la que en el Tour se corresponde con el 15% tras La Mongie) un tipo en bicicleta nos gritaba que tuviéramos cuidadito con ella y que después de ella todo era bajar. Ahí empezaba mi estrategia de recuperación. Así que ahora había que sufrir.

Una vez arriba, último avituallamiento y a apretar los puños se ha dicho. Hice el parcial del km7 a 04:52 y a partir de ahora había que pulverizar estos tiempos. Bebí un buchito y me lancé cuesta abajo a por Arturo, que estaba cerca. Km8 a 04:16. Al terminar el parque iba lanzado, pero en vez de girar a la derecha por la avenida de Montequinto en bajada, la carrera giraba a la isquierda para subirla unos metros más y luego bajarla por completo casi hasta meta. Eso me rompió los esquemas, porque en mi cabeza ya no había programada ninguna subida más. Pero al menos no eran muchos metros. Giré y Arturo seguía cerca. Me fui fijando en los corredores que ya bajaban la avenida al otro lado de la mediana y el Richar pasó bastante cerca de nosotros. Bueno... "nadie se ha salido en esta carrera" pensé, así que me puse a sufrir para llegar a la rotonda donde se cambiaba de sentido y ya cuesta abajo me coloqué a Arturo y a Juanma en la mirilla.

En la larga avenida cuesta abajo, Arturo demostró que terminaba bien. Yo me estaba acercando a él muy lentamente y él adelantó a Juanma que sí que acusó el carrerón que había hecho hasta ahora. Bueno, pues ahora a por Juanma primero. Apreté un poco más, alargué la zancada al máximo y antes del km9 estaba a la altura de Juanma. Él iba a un ritmo claramente más lento que el mío, por lo que pensé que lo pasaría rápido y me iría a por Arturo. Pero al verme se propuso manterse a mi altura y vaya si lo consiguió. Yo apreté y vi que no se despegaba, así que pensé que igual llegábamos juntos a meta y allí que fuera lo que Dios quisiera. Pasamos una rotonda, que casi me como y llegamos a la altura de la estación del metro. Allí estaba el km9 (parcial de 04:05 pero en ese momento iríamos a 03:45 o así). En esa rectita relajé un poco el ritmo porque Juanma se resistía como un jabato. Doblamos la esquina, la penúltima de la carrera y entonces puse ya la marcha de recta de llegada. Ahora sí, me separé definitivamente de Juanma. Apreté los puños un poco más y ahí estaba, curva a la derecha y meta al fondo.

Ya era tarde para intentar dar caza a Arturo, que había hecho un final de carrera muy bueno. Pero bueno, tiré de técnica un poquito más y en unos cuantos zancadones estaba entrando detrás de él por la puerta del colegio. Buenísima la carrera de Arturo y la de Juanma. Fuísteis acicate y motivadores de mi ritmo durante todo el recorrido. La cosa hubiera estado mucho más aburrida sin vosotros o con vosotros por detrás. Así que me alegro un montón, como no podía ser de otra forma, de vuestros progresos.

Los tiempos no importan mucho. Nadie se salió con estas condiciones, claro. El Richar hizo 43:30, un minuto y medio después entramos Arturo y yo, seguidos muy de cerca por Juanma y también muy cerca David. Unos minutos después entró Salva y por fin Kiko, que sufrió de lo lindo gracias a sus rozaduras múltiples (qué colores más raros tenían cuando terminaste la carrera tío, eso supuró hasta bilis... cúratelas bien, ok?).

Pues hasta aquí las carreras diurnas de la temporada. A partir de ahora solo nos queda disfrutar con unas cuantas nocturnas antes del parón estival. Yo sé que en las nocturnas sufriremos igual, porque aquí pa ir de paseo se va uno a Chipiona, no?. De hecho algún makinita ya se ha propuesto coger trofeo en la Nocturna de Carmona... Pero bueno, me refiero que tras Montequinto llega el momento de las nocturnas, las cervecitas post-carrrera y la cena fin de temporada. Ya está aquí el verano. Ole.

Clasificación XI Carrera Popular de Montequinto

domingo, 8 de mayo de 2011

Domingo de Sufrimiento

Por Luisma.

A este último día de la Feria de Abril le llaman Domingo de Farolillos (aunque también he leído por ahí que es el domingo anterior... bueno qué más da), la cosa es que nosotros en el club vamos a tener que ponerle un nombre propio. Un nombre que alude a nuestro constante masoquismo en esto del running. Queda bautizado como Domingo de Sufrimiento, o de Sufridores, o de Masoquistas...

Esta tradición arrancó el año pasado, donde, a pesar de no entrenar en toda la semana y someter al cuerpo al divino castigo de la feria, dos de los tres únicos socios que había entonces, Ricardo y Fran, corrieron y sufrieron la Popular Blas Infante de Coria. !Y cómo sufrieron en ese primer día de calor del bueno! Vaya carita que traían los dos en su entrada a meta. Yo estaba allí, viéndolos desde la barrera, porque me empeñé en no correr ese día y no corrí, es la única carrera que ha asistido alguien del club que me he perdido.

Pues hoy hemos vuelto a ser dos los masoquistas, los sufridores, los valientes que nos hemos ido a Isla Mayor (eso qué es???) a correr, nada más y nada menos que una Media Maratón. Solo con escribirlo ya me entra la risa floja. La distancia en sí no nos mete miedo, el Richar y yo nos hemos hecho un puñado de medias, esa no es la novedad. Lo guapo es que él lleva un mes sin entrenar, yo en ese tiempo he entrenado poco y mal, llevamos más de tres meses sin correr más de 18km y por supuesto, ya lo sabéis, haciendo carreras de 10.000 y metiéndole caña a la velocidad y casi nada al fondo. Si a todo ello le sumas el calor que ha hecho hoy y que estamos en domingo de farolillos y ambos nos hemos castigado el hígado y otras partes del cuerpo durante esta feria... pues ahí tienes el resultado de la ecuación: dolor, muerte y sufrimiento (sin exagerar, eh).

Yo llegaba tarde a la cita en Coria debido a un problemilla que tengo en un dedo del pie, que parece sacado de una película gore: 3 ampollas una encima de la otra, bueno, con la de hoy 4. Cuando nos asomamos por la salida de la carrera a eso de las 10:30 comprobamos que, efectivamente, solo había 100 dorsales. Si a eso le restas los 10-12 que no habrán asistido, pues ahí tenéis la pachanga de 80-90 runners que nos íbamos a meter los 21kms entre pecho y espalda hoy. Nosotros solo hacíamos mirar a la peña, a ver si había más "maquinitas" o más "papas fritas". De las dos cosas había, nos quedamos más tranquilos. Nos pusimos a calentar un poquito (nada, 5 min nos os creáis). Terminé ya con sensaciones reguleras y al llegar al coche a cambiarnos le ofrecí al Richar meternos pa dentro, arrancar y pirarnos a por un desayuno de 2 horas en algún lugar civilizado. "Nadie se tiene que enterar" le dije. Por la cara que me puso, pensó que no era mala opción. Pero no hombre, habíamos llegado hasta este país de arrozales y mosquitos para algo, para demostrar la clase de runners que somos los Últimos... y lo íbamos a demostrar.

En la línea de salida, un tanto "artesanal" por cierto, alguien del club que organizaba la carrera nos hizo una foto de grupo a todos los corredores. Una foto de grupo! Cabíamos todos en una foto! Jeje, allí estábamos posando, en dos o tres filas, no más. A ver si encuentro esa imagen y la pongo aquí. En esta edición de la carrera se estrenaban los corredores a pie. Hasta este año era una media reservada a atletas en silla de ruedas y handbikes. Estos dos grupos salieron dos minutos antes y después salimos los runnes de a pie. Bang! Empezaba el jaleo (qué bonito momento).

El día antes de la carrera Ricardo y yo fantaseamos con hacer hoy mejor marca personal en media. ¡Cuánta tontería se puede hablar por el whatsapp! Ya sobre el terreno, conscientes de la incógnita de nuestro estado de forma, pactamos salir a un ritmo lento, entre 04:50 y 05:00. Ya veríamos cómo rodábamos a esa velocidad y según sensaciones, ya tiraríamos más adelante. La carrera no salió muy loca, la verdad y enseguida nos encontramos con un grupo de tres corredores del Atletismo Coria que decían que irían a 04:40. Ricardo me dijo "éste es el grupo", a mí me pareció bien e incluso se lo dije a ellos. Pero Ricardo enseguida desistió, la carrera era muy larga, todavía no era plan de meternos en estrategias y ritmos... Y tenía razón, hicimos bien en descolgarnos de ellos en el km2. Exceptuando el típico dolorcillo de cuádriceps que no han entrado en calor, teníamos buenas sensaciones. Hicimos los primeros tres kms entre 04:32 y 04:50. Eso debía de ser señal de que íbamos bien. A ese ritmo quizás era verdad que hoy pillábamos MMP (mejor marca personal) de alguno de los dos... o de los dos. Vaya triunfo!

Entre los kms 3 y 6, en algún momento imposible de recordar en esta lineal y monótona carrera, llegaron por detrás dos hermanos, más jóvenes que nosotros, no sé si con intención de adelantarnos o hacer grupeto. En las rectas interminables del corredor verde (precioso paisaje de marismas) siempre había viento, a veces de cara, lateral, de espaldas... Entonces nosotros nos pusimos un km o menos a la espalda de los dos hermanos, para que nos taparan, pero enseguida comenzamos a cooperar y a charlar con ellos. Gracias (o por culpa!) de esta compañía seguimos manteniendo nuestro cachondo ritmito y nuestro correr alegre. De 04:44 a 04:50 hasta el km 10, de ahí no bajábamos. En esos momentos felices, volvimos a comentar un par de veces eso de que igual hacíamos MMP.

Ese fue nuestro gran error. Todo esos condicionantes negativos que traíamos a esta carrera tenían que dar la cara en algún momento. Máxime al tratarse de una Media. Esto no es igual que una carrera corta, si hay algún punto de tu forma que flaquee, algo de la ropa que te moleste o alguna otra cosa que pueda ser un problema, en 21km va a dar la cara seguro.

En el km 10,5 estaba el tercer avituallamiento y la carrera volvía por sus mismos pasos, por la misma larga, recta y desesperante carretera. Además al darnos la vuelta el viento de cara dejaba de soplar y, simplemente, dejamos de oir y sentir el viento. Esto que en principio parece positivo, a las doce de la mañana y con 25 graditos o más a pleno solazo, se tornó en un problema, al menos para mí. De pronto empecé a notar un calor insoportable. De momento nuestro ritmo no bajaba. Hicimos 04:53 en el km11 y 04:44 en el km12 y 13. Aquí tuve una primera desconcentración que me hizo separarme del grupeto de cuatro que llevábamos. El mayor de los hermanos se descolgó conmigo. Y cuando tenía ya al Richar y al otro tipo a 40-50 metros metí un acelerón para volver junto a ellos. "Qué fácil, ¿no?" me dijo el makinita, pero qué va, nada de eso, con ese arreón se me encendió la luz de la reserva. A partir de aquí todo fue cuesta abajo.

En el siguiente avituallamiento me eché todo el agua por el cuerpo. Me moría de calor. También bebí bastante, lo necesitaba. Corría el km14 y ya sí que sí, dejé que Ricardo y el pequeño de los hermanos se fueran definitivamente. Un km más tarde me descolgué también del otro de los hermanos. Y es que estaba empezando el infierno y la cabeza, que siempre juega un papel importante para bien o para mal, me decía que esto era solo el principio. Este primer km infernal caí hasta 05:03.

En la primera mitad de la carerra pensé que ojalá no rozara los 5' de ritmo, pero ya veis que sí, y tanto. De hecho ya no bajaría a 4' y algo hasta la meta. De vez en cuando me mentalizaba, "venga, km14 eso son dos tercios de carrera hechos"... pero con lo fundido que iba y lo rápido que había caído en este pozo, los 7km restantes parecían un mundo. De lejos veía todo el rato a Ricardo y a los dos hermanos, que se unieron pronto. E incluso adelanté a un par de corredores que iban fundidísimos, peor que yo (si es que eso era posible). Las rectas eternas de la marismas y el solazo me estaban machacando, pero yo todo el rato me repetía que tenía que acabarla como fuera. Lo malo es que después de pensar eso, pensaba en mil maneras de abandonar: me siento y espero a la ambulancia, paro a una de las motos de la Guardia Civil que estaban todo el rato para arriba y para abajo, en el próximo avituallamiento me paro que hay una sombrilla... En estos momentos terribles no le ves ni puta gracia a esto que estás viviendo, pero luego al terminar y ahora al recordarlo, me gusta haber sufrido así, es una lección de running de las buenas. Y estamos tan locos que ahora pienso incluso, que me gusta sufrir así...

En el km15 mi ritmo era de 05:02, todavía no era muy malo, pero me dio rabia volver a ver ese 5' en el Garmin. Qué iluso. En el km16 me cayó un 05:10 y el km17 05:13... Último avituallamiento. Bebo media botella y me echo la otra media sobre el cuerpo. La camiseta y las mallas están empapadas. Corre algo de viento que me refresca. La carretera hace una curva y ya 3,5 kms de recta hasta el pueblo, que se ve al fondo. Ricardo se ha separado ya mucho de mí, unos 400m, pero desde hace tiempo no veo que se aleje más. Debe estar sufriendo de lo lindo también. Ahora ya siento que la reserva se ha agotado, no me queda gasolina. Y cuando a un coche no le queda gasolina, se para. Pero un runner aún tiene un corazón y un orgullo (y una gilipollez) que le hace correr por inercia. Cuando se corre por inercia se pierde todo: la técnica, la velocidad, ¿la dignidad? y hasta la noción del tiempo y la distancia. En el km18 empecé a correr por inercia, sin pensar en correr, solo poniendo un pie delante del otro. Lógicamente el ritmo tenía que ser nefasto, un 05:24 que realmente no reflejaba lo mal que iba. En el km19 intenté meterle psicología al asunto. Me adelantaron tres veteranos del Palaciego en intenté pegarme a ellos lo que pude, apenas 400m. Con una cosa y otra subí ligeramente a 05:18.

El calor era insoportable y por mucho que pasaran los metros y los minutos el pueblo seguía ahí, lejísimos, parecía un espejismo. Todos los corredores iban sufriendo de lo lindo. Uno de los tres corredores del Palaciego que acababan de adelantarme se puso a caminar tambaleante. No podía poner un pie delante del otro. Llegué enseguida a su altura y le pregunté si estaba bien. Me dijo que sí, que él no corría más y que tirara. Si sus compis se habían ido no me iba a quedar yo... Como pude llegué al km20, venga apenas un km más... Imposible aumentar ritmo. Hice este penúltimo mil a 05:28.

Tras pasar junto a una finca, se abría ante nosotros la primera calle del pueblo. A la ida me pareció que enseguida salíamos al campo, pero ahora esta calle era eterna! Había que llegar a una única curva a la derecha y 100m más adelante ya estaba la meta. De fondo y quizás ¡cada vez más cerca! seguían corriendo juntos los dos hermanos y aún podía ver a Ricardo más lejos. No se habían separado definitivamente de mí, eso es que también iban fatal. No me consolaba, pero bueno, al menos me sentía acompañado en el infierno. Cuando miro el garmin veo que la distancia real ya es de 21km, ¡coño, al final la carrera tiene un poco más de media maratón! Pues eso es lo que me hacía falta mí, ¡300m de regalo! 05:29 en este último mil y aún gracias que no he llegado a cinco y medio en ningún momento.

Curva a la izquierda y uno de los momentos más bonitos de la carrera: la meta. ¡Por fin! Además del gustazo de que se acabe el infierno, estuvo bien el grupito de gente del pueblo que se agolpó en meta y no dejaba de aplaudir. Con ellos estaban los miembros del club BTT Isla Mayor, que fueron voluntarios en bici a lo largo de toda la carrera. Y como había muy pocos corredores y yo entré totalmente solo, los aplausos eran solo para mí... Unos ánimos que se agradecen y emocionan. 1h 46:28, el tiempo es lo de menos, desde luego. Es uno de mis peores tiempos en media maratón, pero no el peor. Nuestro error fue hacer una primera parte de carrera como si estuviéramos en plena forma. La próxima media que me tome en serio haré la primera mitad igual que ésta para mantenerlo o incluso apretar al final. Entonces ya hablaremos de MMP.

Dejé de correr de golpe, no podía más. Cogí una botella de agua y me fui hasta el interior del pabellón buscando una sombra como fuera. Allí, nada más entrar, sentado en una escalera, me esperaba Ricardo sonriendo, con una de esas miradas cómplices que dicen tanto sin necesidad de palabras. Me tiré al suelo y nos reímos un rato antes de contarnos los pormenores de la batalla. Nos reíamos de nosotros mismos, nos reíamos del rato de sufrimiento agudo que habíamos pasado y nos reíamos del masoquismo que nos había traído hasta aquí. Pero nos reíamos del mundo también. El sufrimiento es una enseñanza más. Y paradójicamente el sufrimiento es placer también, es placer... cuando termina. Por eso en ese momento éramos dos tíos felices.
Al final va a ser verdad: sufrir mola...