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sábado, 25 de febrero de 2012

Así también me encanta el maratón

Por Luisma.

El domingo pasado tuve otra oportunidad para enamorarme un poco más de esta carrera que se llama maratón y que realmente no es una carrera. No es una carrera porque no compites contra nada ni nadie (ni contra el crono, ni contra otros corredores..). De hecho no compites, sin más. Es una oportunidad para demostrarte cosas, para aprender de tí mismo y de los demás, para querer un poco más a los tuyos, para emocionarte... El domingo me enamoré un poquito más de la maratón. Y esta vez la maratón me correspondió.

Me aburre volver a contaros de nuevo que yo llegaba justito de forma a esta carrera, así que no os vuelvo a decir los motivos. Yo me plantaba en la línea de salida con ese miedo. Porque esta carrera puede ser maravillosa pero también tremendamente implacable. Con la/el? maratón no se puede jugar. Así que simplemente me propuse correrla entera para disfrutarla y si de paso podía ayudar a David-Benaca a debutar en los 42kms, pues mejor que mejor. Pero sinceramente, a las 9:30 de la mañana yo aún no estaba muy seguro de poder terminarla.

Ricardo, David y yo nos plantamos en el Olímpico con muchos nervios. Ellos dos tenían sus objetivos claros y estaban nerviosos por cumplirlos. Yo iba más tranquilo, solo con la intención de terminar, pero un atasco monumental y la benemérita nos terminaron por poner los nervios de punta a los tres. A las 9:15 todavía me estaba poniendo el dorsal y por supuesto salimos al tartán del Olímpico sin calentar ni un minuto. Pero bueno, ¿tenemos nosotros que calentar para una carrera como ésta?

Ricardo salió con su objetivo de pegarse al globo de 3h30 y en el primer km ya se separó de nosotros. Y David y yo nos planteamos hacer 3h45, lo que significaba correr a 5'20"/km toda la carrera. En teoría era un ritmo facilón. No tenía duda de que David podría mantenerlo todo el tiempo. Mis dudas eran conmigo mismo. Y los primeros kms solo hicieron aumentarlas. Bufff ¡que malas sensaciones! Los primeros 7 kms de recorrido discurren por la avenida Carlos III en los dos sentidos (uno de los muchos absurdos del trazado de este estupendo maratón) y a la altura del km8 se pasa junto al estadio de nuevo. Bueno pues estuve un buen rato pensando en salirme y volver al estadio, coger mis cosas en el guardarropa y para casita... En fin, que tardé en entrar en calor... Me dolían sobre todo los tibiales y sóleos, una zona de las piernas que no suelen molestarme. Pero hoy parecían de acero, bufff, sensaciones malísimas.

Pero afortunadamete llegó el Parque del Alamillo (donde echamos una meadita) y empecé a entrar en calor. Y lo que me terminó de animar fue cruzar el puente de la Barqueta, en el km10 y salir de la Cartuja (que mira que es mi zona de entrenamientos habitual, pero qué poquito me gusta correr por aquí en el maratón). A partir del km12 ya estábamos de lleno dentro de la ciudad, me meto el primer gel pal cuerpo, igual que el año pasado y a charlar con el benaca y a disfrutar del recorrrido. Menos mal... Ahora empezaba lo bueno...

Así fuimos sin problemas hasta después de la media. Todo el tiempo en torno a 5'20"/km, el ritmo pactado. A veces me tocaba frenar un poquito a David, porque esta carrera es larga y hay que reservar. A él se le veía fuerte, yo estaba seguro que iba un puntito por encima de mí. Hicimos la media maratón en 1h54', fácil. Pero a partir de aquí tocaba concentrarse un poco y aguantar, porque venía lo malo.

Y eso de concentrarse, nada. Aproximadamente en el km23 oigo a mis espaldas una voz conocida: es el Gran TATE, ese corredor de Salamanca que conocimos Ricardo y yo el año pasado aquí y con el que hemos mantenido el contacto estos 12 meses. Habíamos hablado el día antes para correr juntos desde la salida, pero con la locura de nuestra llegada tarde, no habíamos podido quedar. Y ahí que vino él, buscándonos, durante 23 kms, hasta que nos encontró. ¡Qué grande eres Tate! A partir de entonces, igual que al año pasado, mi carrera cambió drásticamente. Ya íbamos hablando todo el rato y riéndonos a carcajada limpia con todas las ocurrencias de éste figura. Dicen que la gracia la tenemos aqui, en Andalucía, pero en Castilla también hay gente con arte y el Tate es la prueba.

En el km29, ahí, frente al campo del Real Betis como el año pasado, me esperaba la familia. Pero este año en mi familia hay un personajillo nuevo y claro, imaginaos el subidón al ver a mi enana y a Mariló animándome a voz en grito. (Bueno la enana no animaba, estaba casi dormida, pero la madre ya se encargó de que me animará trayéndomela en volandas y corriendo-volando junto a su papi unos metros). Un  rato antes pensé que me emocionaría con este  encuentro. Pero no, la verdad es que no sé como reaccioné. El cansancio y la emoción me dejaron flipao. Con una sonrisa enorme en la cara, pero flipao. Ahí en la foto podéis verlo.

La forma de correr del gran Tate es animando a todo el mundo: a David y a mí por supuesto, pero también a otros corredores (a todos los corredores mejor dicho), a los voluntarios, a los espectadores... Es un crack. Esos ánimos empezaron a hacernos falta a partir del km 30 en la larguísima avenida de La Palmera. Especialmente a David, que justo ahí, empezó a notársele cierto bajón por el cansancio lógico de llevar tres horas corriendo. 

Había que evitar que cualquiera de los dos se diera de frente con el temido "muro" . Cada 10kms David y yo chocábamos las manos para animarnos. Así estuvimos desde la salida. Después del apretón de manos del 30 vino el del km32, donde volví a animarle a él y a mi mismo porque nos quedaban solo 10. Llevábamos unos kms aflojando el ritmo así que le propuse al benaca apretar un poquito y recuperar nuestro 5'20"/km aunque solo fuera un rato. Y entonces David me dijo la frase del día, la que revelaba su verdadero estado: "dale tú si quieres Luis. Éste es mi ritmo máximo". Jeje, yo no iba sobrado, para nada y por nada del mundo lo hubiera dejado atrás y así se lo hice saber. (Fíjate cómo me hubiera arrepentido ahora, colega, si yo hubiera tirado y hubiera hecho un tiempo de apenas 5 minutos menos en meta y tú no hubieras terminado. -Aunque ya te he dicho que tú solo también hubieras podido- Me arrepentiría toda mi vida.) En el próximo maratón buscaré marca.  Será por maratones...

Esto nos condicionó el resto de carrera y los siguientes kms fueron ya muy parecidos. En resumen, el sufrimiento iba creciendo progresivamente y el ritmo iba disminuyendo. Eso sí, no llegamos a caminar ni llegamos a correr a 6'/km o más en ningún momento. Por ahí podemos estar orgullosos. Además adelantamos a toda esa procesión de corredores que tienen que andar en los últimos metros, una estrategia muy digna por otra parte. No tiene nada de malo combinar el caminar y el correr en un maratón, para nada, pero de momento, yo eso no lo he hecho nunca.

La calle Torneo, kms37 y 38, se nos hizo eterna, como no podía ser de otra forma. Cruzamos la Barqueta entre una multitud de público que nos jaleaba y nos ponía ya los pelos de punta. Y tras el Parque del Alamillo, ahí, al fondo, el estadio.

La bajada (a la gloria) por el túnel sur, sinceramente, no fue tan emocionante para mí como el año pasado. Me dolía prácticamente todo el cuerpo, pero acabé muy entero, física y emocionalmente. De hecho estuve buscando a la familia en el sitio donde suelen ponerse en las gradas e intenté colocar a nuestro grupeto de tres para salir bien la foto (en ambas cosas no tuve nada de éxito). Tate, David y yo nos cogimos de la mano y cruzamos esa meta, que es mucho más que un arco y una línea pintada en el suelo. Tardamos 3h56'07" (tiempo real) en completar la carrera.
Unos minutos antes, Ricardo cruzó esa meta llorando, lo podeís ver el video de su llegada. No había logrado su objetivo de bajar de 3h30 y el sufrimiento extremo al que se había sometido se reflejó así. Para mí esa meta representaba otra forma de correr, el CPP que dicen unos amigos de internet: Correr Por Placer. Una manera nueva y mucho más placentera, de disfrutar en una carrera. Y para David esa meta no era un final, sino solo un principio. El principio de su vida como maratoniano. 

Clasificación 28º Maratón Ciudad de Sevilla

jueves, 19 de enero de 2012

Rumbo al Maratón de Sevilla.

Por Ricardo.

Hola socios, pues sí, una parada obligatoria en nuestro rumbo al maratón de Sevilla siempre es la Ruta Carlos III - Écija, (25.600 metros) donde da tiempo para  todo, sobre todo a sufrir. Gran carrera y muy buena organización, como siempre.
En esta ocasión nos desplazábamos a la ciudad de las torres tres Últimos, (David benaca, Luis camero y un servidor).  La salida se realiza como es habitual, en el pueblo de la Luisiana. Y atravesando posteriormente dos pueblos más, el Campillo y Cañada Rosal. Ambientazo en los dos pueblos también como siempre, la verdad es que la gente se vuelca con esta carrera.

Bueno entrando en materia, nuestra carrera se presentaba en un principio bastante clara, puesto que desde un principio habíamos hablado de tomárnoslo como un rodaje largo, para que nos valiera para el maratón. Y así fue como salimos, por cierto con un frío bastante considerable. Comenzó la ruta, y nos pusimos a rodar, como habíamos dicho, el ritmo a llevar estaba muy claro. Y así fue, íbamos los tres rodando juntos a un ritmo tranquilo de 5min/km. Todo iba transcurriendo según lo previsto, hasta que en el km 10 aproximadamente, y no me preguntéis cómo pasó, surgió la anécdota del día. Tuvimos un percance, chocamos David y yo en medio de la carretera, y a mi se me descolgó el Garmin (tragedia). Intenté sobre la marcha ponerlo bien, pero me fue imposible y tuve que pararme, primer contratiempo, estuve casi cinco minutos parado hasta que pude enganchar el GPS a la correa, ni que decir tiene que este hecho me lastró  para toda la carrera.

Bueno me puse en marcha otra vez, y hasta pasada Cañada Rosal, es decir unos 3 km más adelante, no fui capaz de coger a Luis y David. Era ya el km 13,5 más o menos y parecía que comenzaba todo de nuevo otra vez, pero con 13 km más en el cuerpo claro.
A partir de ahí llegaba la carrera a un punto de no retorno, empezaba la temible recta de unos 12 km, que nos tiene reservado este lugar de la campiña sevillana. Afortunadamente, no hacía mucho viento y se podía ir llevando el ritmo sin desesperarte.

A raíz del km 15 Luis ya iba algo fatigado, puesto que desde que es papa no ha podido entrenar mucho y eso se nota ¿verdad maquina? Comenzó a quedarse, David me preguntó que si lo esperábamos, pero yo conozco al maquinita y sabía que eso le iba a lastrar mas. Así que le dije que no, que él no iba a recuperar y ya cogería su ritmo hasta meta.

Así pues nos pusimos los dos a rodar, y la verdad según pasaban los km, me sentía mejor. Hasta el km 20 fuimos los dos rodando cómodos a un ritmo de 4:50 o 5 min/km más o menos, hasta que llegó la impresionante, inconmensurable, alucinante cuesta que nos bajaba hasta Écija. Ahí David prefirió reservarse las pocas fuerzas que le quedaban para hacer los 3 últimos kms a mayor ritmo. Y a mí se me fue un poco la olla, cosa que no es de extrañar, y me tiré a tumba abierta cual Claudio Chiapuchi en un descenso del galibier, (el diablo Chiapuchi, qué grande, mi gran ídolo de la niñez.)

En fin, entré en Écija y ahí se me acabaron todas las tonterías y todos los pajaritos que tenía en la cabeza. Me encontré de lleno con el insufrible empedrado de la ciudad de las torres, ¡que sufrimiento por dios! Pero bueno ahí ya estaba lanzado y los últimos 2,5 km los hice a un ritmo de 4.10 o 4.15 min/km. La verdad es que se me hizo un poco largo, pero como buen maratoniano, se sufrió hasta la línea de meta.
Como siempre gran carrera, gran organización y grandes, muy grandes David y Luis, sufriendo hasta el final sin desesperar y terminando otra largada mas, (como diría lucho). 

Clasificación XX Ruta Carlos III

domingo, 8 de mayo de 2011

Domingo de Sufrimiento

Por Luisma.

A este último día de la Feria de Abril le llaman Domingo de Farolillos (aunque también he leído por ahí que es el domingo anterior... bueno qué más da), la cosa es que nosotros en el club vamos a tener que ponerle un nombre propio. Un nombre que alude a nuestro constante masoquismo en esto del running. Queda bautizado como Domingo de Sufrimiento, o de Sufridores, o de Masoquistas...

Esta tradición arrancó el año pasado, donde, a pesar de no entrenar en toda la semana y someter al cuerpo al divino castigo de la feria, dos de los tres únicos socios que había entonces, Ricardo y Fran, corrieron y sufrieron la Popular Blas Infante de Coria. !Y cómo sufrieron en ese primer día de calor del bueno! Vaya carita que traían los dos en su entrada a meta. Yo estaba allí, viéndolos desde la barrera, porque me empeñé en no correr ese día y no corrí, es la única carrera que ha asistido alguien del club que me he perdido.

Pues hoy hemos vuelto a ser dos los masoquistas, los sufridores, los valientes que nos hemos ido a Isla Mayor (eso qué es???) a correr, nada más y nada menos que una Media Maratón. Solo con escribirlo ya me entra la risa floja. La distancia en sí no nos mete miedo, el Richar y yo nos hemos hecho un puñado de medias, esa no es la novedad. Lo guapo es que él lleva un mes sin entrenar, yo en ese tiempo he entrenado poco y mal, llevamos más de tres meses sin correr más de 18km y por supuesto, ya lo sabéis, haciendo carreras de 10.000 y metiéndole caña a la velocidad y casi nada al fondo. Si a todo ello le sumas el calor que ha hecho hoy y que estamos en domingo de farolillos y ambos nos hemos castigado el hígado y otras partes del cuerpo durante esta feria... pues ahí tienes el resultado de la ecuación: dolor, muerte y sufrimiento (sin exagerar, eh).

Yo llegaba tarde a la cita en Coria debido a un problemilla que tengo en un dedo del pie, que parece sacado de una película gore: 3 ampollas una encima de la otra, bueno, con la de hoy 4. Cuando nos asomamos por la salida de la carrera a eso de las 10:30 comprobamos que, efectivamente, solo había 100 dorsales. Si a eso le restas los 10-12 que no habrán asistido, pues ahí tenéis la pachanga de 80-90 runners que nos íbamos a meter los 21kms entre pecho y espalda hoy. Nosotros solo hacíamos mirar a la peña, a ver si había más "maquinitas" o más "papas fritas". De las dos cosas había, nos quedamos más tranquilos. Nos pusimos a calentar un poquito (nada, 5 min nos os creáis). Terminé ya con sensaciones reguleras y al llegar al coche a cambiarnos le ofrecí al Richar meternos pa dentro, arrancar y pirarnos a por un desayuno de 2 horas en algún lugar civilizado. "Nadie se tiene que enterar" le dije. Por la cara que me puso, pensó que no era mala opción. Pero no hombre, habíamos llegado hasta este país de arrozales y mosquitos para algo, para demostrar la clase de runners que somos los Últimos... y lo íbamos a demostrar.

En la línea de salida, un tanto "artesanal" por cierto, alguien del club que organizaba la carrera nos hizo una foto de grupo a todos los corredores. Una foto de grupo! Cabíamos todos en una foto! Jeje, allí estábamos posando, en dos o tres filas, no más. A ver si encuentro esa imagen y la pongo aquí. En esta edición de la carrera se estrenaban los corredores a pie. Hasta este año era una media reservada a atletas en silla de ruedas y handbikes. Estos dos grupos salieron dos minutos antes y después salimos los runnes de a pie. Bang! Empezaba el jaleo (qué bonito momento).

El día antes de la carrera Ricardo y yo fantaseamos con hacer hoy mejor marca personal en media. ¡Cuánta tontería se puede hablar por el whatsapp! Ya sobre el terreno, conscientes de la incógnita de nuestro estado de forma, pactamos salir a un ritmo lento, entre 04:50 y 05:00. Ya veríamos cómo rodábamos a esa velocidad y según sensaciones, ya tiraríamos más adelante. La carrera no salió muy loca, la verdad y enseguida nos encontramos con un grupo de tres corredores del Atletismo Coria que decían que irían a 04:40. Ricardo me dijo "éste es el grupo", a mí me pareció bien e incluso se lo dije a ellos. Pero Ricardo enseguida desistió, la carrera era muy larga, todavía no era plan de meternos en estrategias y ritmos... Y tenía razón, hicimos bien en descolgarnos de ellos en el km2. Exceptuando el típico dolorcillo de cuádriceps que no han entrado en calor, teníamos buenas sensaciones. Hicimos los primeros tres kms entre 04:32 y 04:50. Eso debía de ser señal de que íbamos bien. A ese ritmo quizás era verdad que hoy pillábamos MMP (mejor marca personal) de alguno de los dos... o de los dos. Vaya triunfo!

Entre los kms 3 y 6, en algún momento imposible de recordar en esta lineal y monótona carrera, llegaron por detrás dos hermanos, más jóvenes que nosotros, no sé si con intención de adelantarnos o hacer grupeto. En las rectas interminables del corredor verde (precioso paisaje de marismas) siempre había viento, a veces de cara, lateral, de espaldas... Entonces nosotros nos pusimos un km o menos a la espalda de los dos hermanos, para que nos taparan, pero enseguida comenzamos a cooperar y a charlar con ellos. Gracias (o por culpa!) de esta compañía seguimos manteniendo nuestro cachondo ritmito y nuestro correr alegre. De 04:44 a 04:50 hasta el km 10, de ahí no bajábamos. En esos momentos felices, volvimos a comentar un par de veces eso de que igual hacíamos MMP.

Ese fue nuestro gran error. Todo esos condicionantes negativos que traíamos a esta carrera tenían que dar la cara en algún momento. Máxime al tratarse de una Media. Esto no es igual que una carrera corta, si hay algún punto de tu forma que flaquee, algo de la ropa que te moleste o alguna otra cosa que pueda ser un problema, en 21km va a dar la cara seguro.

En el km 10,5 estaba el tercer avituallamiento y la carrera volvía por sus mismos pasos, por la misma larga, recta y desesperante carretera. Además al darnos la vuelta el viento de cara dejaba de soplar y, simplemente, dejamos de oir y sentir el viento. Esto que en principio parece positivo, a las doce de la mañana y con 25 graditos o más a pleno solazo, se tornó en un problema, al menos para mí. De pronto empecé a notar un calor insoportable. De momento nuestro ritmo no bajaba. Hicimos 04:53 en el km11 y 04:44 en el km12 y 13. Aquí tuve una primera desconcentración que me hizo separarme del grupeto de cuatro que llevábamos. El mayor de los hermanos se descolgó conmigo. Y cuando tenía ya al Richar y al otro tipo a 40-50 metros metí un acelerón para volver junto a ellos. "Qué fácil, ¿no?" me dijo el makinita, pero qué va, nada de eso, con ese arreón se me encendió la luz de la reserva. A partir de aquí todo fue cuesta abajo.

En el siguiente avituallamiento me eché todo el agua por el cuerpo. Me moría de calor. También bebí bastante, lo necesitaba. Corría el km14 y ya sí que sí, dejé que Ricardo y el pequeño de los hermanos se fueran definitivamente. Un km más tarde me descolgué también del otro de los hermanos. Y es que estaba empezando el infierno y la cabeza, que siempre juega un papel importante para bien o para mal, me decía que esto era solo el principio. Este primer km infernal caí hasta 05:03.

En la primera mitad de la carerra pensé que ojalá no rozara los 5' de ritmo, pero ya veis que sí, y tanto. De hecho ya no bajaría a 4' y algo hasta la meta. De vez en cuando me mentalizaba, "venga, km14 eso son dos tercios de carrera hechos"... pero con lo fundido que iba y lo rápido que había caído en este pozo, los 7km restantes parecían un mundo. De lejos veía todo el rato a Ricardo y a los dos hermanos, que se unieron pronto. E incluso adelanté a un par de corredores que iban fundidísimos, peor que yo (si es que eso era posible). Las rectas eternas de la marismas y el solazo me estaban machacando, pero yo todo el rato me repetía que tenía que acabarla como fuera. Lo malo es que después de pensar eso, pensaba en mil maneras de abandonar: me siento y espero a la ambulancia, paro a una de las motos de la Guardia Civil que estaban todo el rato para arriba y para abajo, en el próximo avituallamiento me paro que hay una sombrilla... En estos momentos terribles no le ves ni puta gracia a esto que estás viviendo, pero luego al terminar y ahora al recordarlo, me gusta haber sufrido así, es una lección de running de las buenas. Y estamos tan locos que ahora pienso incluso, que me gusta sufrir así...

En el km15 mi ritmo era de 05:02, todavía no era muy malo, pero me dio rabia volver a ver ese 5' en el Garmin. Qué iluso. En el km16 me cayó un 05:10 y el km17 05:13... Último avituallamiento. Bebo media botella y me echo la otra media sobre el cuerpo. La camiseta y las mallas están empapadas. Corre algo de viento que me refresca. La carretera hace una curva y ya 3,5 kms de recta hasta el pueblo, que se ve al fondo. Ricardo se ha separado ya mucho de mí, unos 400m, pero desde hace tiempo no veo que se aleje más. Debe estar sufriendo de lo lindo también. Ahora ya siento que la reserva se ha agotado, no me queda gasolina. Y cuando a un coche no le queda gasolina, se para. Pero un runner aún tiene un corazón y un orgullo (y una gilipollez) que le hace correr por inercia. Cuando se corre por inercia se pierde todo: la técnica, la velocidad, ¿la dignidad? y hasta la noción del tiempo y la distancia. En el km18 empecé a correr por inercia, sin pensar en correr, solo poniendo un pie delante del otro. Lógicamente el ritmo tenía que ser nefasto, un 05:24 que realmente no reflejaba lo mal que iba. En el km19 intenté meterle psicología al asunto. Me adelantaron tres veteranos del Palaciego en intenté pegarme a ellos lo que pude, apenas 400m. Con una cosa y otra subí ligeramente a 05:18.

El calor era insoportable y por mucho que pasaran los metros y los minutos el pueblo seguía ahí, lejísimos, parecía un espejismo. Todos los corredores iban sufriendo de lo lindo. Uno de los tres corredores del Palaciego que acababan de adelantarme se puso a caminar tambaleante. No podía poner un pie delante del otro. Llegué enseguida a su altura y le pregunté si estaba bien. Me dijo que sí, que él no corría más y que tirara. Si sus compis se habían ido no me iba a quedar yo... Como pude llegué al km20, venga apenas un km más... Imposible aumentar ritmo. Hice este penúltimo mil a 05:28.

Tras pasar junto a una finca, se abría ante nosotros la primera calle del pueblo. A la ida me pareció que enseguida salíamos al campo, pero ahora esta calle era eterna! Había que llegar a una única curva a la derecha y 100m más adelante ya estaba la meta. De fondo y quizás ¡cada vez más cerca! seguían corriendo juntos los dos hermanos y aún podía ver a Ricardo más lejos. No se habían separado definitivamente de mí, eso es que también iban fatal. No me consolaba, pero bueno, al menos me sentía acompañado en el infierno. Cuando miro el garmin veo que la distancia real ya es de 21km, ¡coño, al final la carrera tiene un poco más de media maratón! Pues eso es lo que me hacía falta mí, ¡300m de regalo! 05:29 en este último mil y aún gracias que no he llegado a cinco y medio en ningún momento.

Curva a la izquierda y uno de los momentos más bonitos de la carrera: la meta. ¡Por fin! Además del gustazo de que se acabe el infierno, estuvo bien el grupito de gente del pueblo que se agolpó en meta y no dejaba de aplaudir. Con ellos estaban los miembros del club BTT Isla Mayor, que fueron voluntarios en bici a lo largo de toda la carrera. Y como había muy pocos corredores y yo entré totalmente solo, los aplausos eran solo para mí... Unos ánimos que se agradecen y emocionan. 1h 46:28, el tiempo es lo de menos, desde luego. Es uno de mis peores tiempos en media maratón, pero no el peor. Nuestro error fue hacer una primera parte de carrera como si estuviéramos en plena forma. La próxima media que me tome en serio haré la primera mitad igual que ésta para mantenerlo o incluso apretar al final. Entonces ya hablaremos de MMP.

Dejé de correr de golpe, no podía más. Cogí una botella de agua y me fui hasta el interior del pabellón buscando una sombra como fuera. Allí, nada más entrar, sentado en una escalera, me esperaba Ricardo sonriendo, con una de esas miradas cómplices que dicen tanto sin necesidad de palabras. Me tiré al suelo y nos reímos un rato antes de contarnos los pormenores de la batalla. Nos reíamos de nosotros mismos, nos reíamos del rato de sufrimiento agudo que habíamos pasado y nos reíamos del masoquismo que nos había traído hasta aquí. Pero nos reíamos del mundo también. El sufrimiento es una enseñanza más. Y paradójicamente el sufrimiento es placer también, es placer... cuando termina. Por eso en ese momento éramos dos tíos felices.
Al final va a ser verdad: sufrir mola...