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jueves, 17 de noviembre de 2011

47 Edición Behobia – San Sebastián


Por David er Benaca

Os cuento lo que fue la carrera en sí, porque el fin de semana que he pasado es bastante largo y con tantos detalles que no seria capaz de plasmarlos en esta página y además, para mí se queda, jejeje.

Ha sido una experiencia imposible de olvidar porque, seguramente, no viviré jamás un ambiente de running como éste. Hablando con un madrileño que corre la san silvestre, dice que no tiene ni punto de comparación con esta. La organización cuidada hasta el útimo detalle, el corredor mimado hasta no poder mas, y posiblemente las carreras mas importantes del mundo no sean tan perfectas como esta: enhorabuena al club FORTUNA, organizador de este macroevento. Que aprendan los de la nocturna del guadalquivir.

Me presento en el restaurante del hotel a las 7:30 de la mañana para pegarme un buen desayuno y primer subidón: todo el salon lleno de corredores pegandose unos desayunos bestiales y una mesa con un monton de “negritos”, entre los que se encontraba ¡¡¡el futuro ganador de la prueba!!!. Me senté en una mesa con tres corredores del club de atletismo de Rentería, otros tres del club de atletismo de Olot, y cuatro de la Rioja (no me acuerdo del nombre del Club). El único que se estrenaba en esta prueba era yo, el resto llevaban, el que menos cinco ediciones y todos cincidieron en lo mismo: repetirás, seguro. Empezaron a darme pequeños consejos: hidrátate constantemente, pues es muy alta la humedad y va a hacer mucha calor y mantén la cabeza fría, pues el gentio te anima tanto y te dá tal subidón que es muy probable que corras por encima de tus posibilidades y lo acabes pagando.
           
Después de un desayuno que no olvidaré nos fuimos al Hall del hotel donde a las 8:30 nos recogía un autobus que nos llevaria al pueblo de Behobia (Irún) que lo divide de Francia el Puente Internacional que se encuentra sobre el rio Bidasoa. A las 9:30 llegamos a Behobia, donde al bajarnos del autobus empieza un cosquilleo que no desapareció hasta que no entre en meta. Había dorsales de varios colores: Los primeros rojos, verdes, azules, naranjas y finalizando en blancos. Yo estaba en los de color azul. La salida de los primeros fue a las once y los de color azul, que estabamos divividos en tres grupos salimos a las 11:18, 11:24 (en ese grupo salí yo) y 11:30. A las 10:30 de la mañana no cabía un alfiler en aquella avenida impresionante. Antes a las 10:15 salieron los discapacitados y a las 10:45 los rollers (patinadores). A las 11:20 nos plantamos en la linea de salida el grupo donde estaba yo (corredores desde el dorsal 12.301 al 15.000, el mio era el 13.641).

Pistoletazo de salida y a correr. Enfilamos la Avda. de Navarra, junto al Río Bidasoa en Irun, donde no se puede ni correr por la cantidad de público que hay. Antes de llegar al km. 2 empieza la primera subida de unos 300 metros al 8% que nos lleva hasta Ventas de Irun. Toboganes constantemente hasta el km. 4 donde hay una pequeña bajada para dejar ya atrás Irún. Llaneamos, e incluso bajamos hasta el km. 6 donde empieza el infierno, el Puerto de GAINTXURIZKETA Los primeros 5kms. lo hago a 5 minutos clavados. Una subida de dos kilómetros (hasta el km. 8) donde se empiezan a ver los primeros síntomas de que la carrera iba a ser tremendamente dura: vómitos, pajaras tremendas e incluso tropezones por levantar poco los pies, que parecen que se pegaban al asfalto. Me recordaba este puerto a los del tour de francia donde la cantidad de gente que había estrechando la carretera, hasta tal punto que a los corredores nos obligaban a ponernos en fila india. Me lleve todo el puerto con unas ganas de llorar por la emoción que hasta se me escaparon unas lágrimas. Creo que las piernas iban solas.

Al coronar empieza para mi la peor parte de la carrera. Desde el km. 8 hasta el kilometro 12 constantes toboganes donde empiezo a tener los primeros calambres, aunque logro mantener el ritmo a 4:50 el km. En estos 4kms. Pasamos por la localidad de Lezo, en dirección al Puerto de Pasajes. Desde el kilómetro 12 al 15 la carrera discurre por el Puerto pesquero de Pasajes y, es despues del esfuerzo del puerto de  GAINTXURIZKETA y los 3 kms. de constantes toboganes cuando empiezan a verse los primeros dramas que ponen la piel de gallina: corredores tirados en la carretera vomitando, uno convulsionando, y ambulancias sin parar de recoger a gente (hay 3 personas en la UVI y mas de 200 atenciones médicas durante la carrera, todo ello debido a lo exigente del recorrido, a la alta temperatura y a la humedad reinante ese día (mas del 80%). A partir del km. 16 empieza otra parte inolvidable de la carrera.

Dejando atrás mis calambres y fisicamente crecido por la cantidad tan impresionante de gente que ya no nos dejaria hasta meta, empezamos a subir el puerto de MIRACRUZ en el barrio de Trintxerpe. Le llaman la pared de San Sebastián. Un puerto de 1km. Corto pero muy, muy exigente, donde se me llega a pasar por la cabeza incluso parar, pero no podía, pues las piernas se me iban solas con los ánimos de los aficionados. Al coronar el puerto, justo enfrente del restaurante de Arzak, empezamos una bajada hacia el barrio de GROS donde la gente parecia estar poseída, fuera de sí, animando de una forma como seguramente no veré jamas.

Enfilamos los 2 últimos kilómetros a la altura de la playa de la Zurriola. El kilómetro 19 y 20 transcurre por avda. de la Zurriola, Palacio de Congreso del Kursaal, Puente del Kursaal y Alameda del Boulevard, lugar de la meta a la altura del ayuntamiento y de la Playa de la Concha. Me hago los 2 últimos kms. A ¡¡¡4:03 y 4:02!!! y clavo el tiempo en 1h38m10s. ¡¡¡Ostias que de gente!!!. los avituallamientos de la carrera, todos, me costaban trabajo de digerir por la emoción constante. Toda la carrera con un nudo en la garganta. Fijarse como de bien cuidada esta la organización y el trato al corredor que al llegar hay una fila de voluntarios en horizontal sentados en unos bancos con una especie de poyete donde tu apoyabas el pie y te quitaban el chip para que no te tuvieres ni que agachar. Una medalla, cantidad y variedad de fruta (platanos, peras, manzanas, naranjas en cantidades para hartar a cada corredor), igualmente con los líquidos (agua, coca-cola, gatorade, zumos), barritas energéticas.... Sufrimiento para reventar, pero de verdad, creo que hubiera sido capaz de correr otros 10kms más, solamente para no dejar de ver tal espectaculo.

Ricardo, Luis, Fran, dicen los corredores que han corrido medias por toda europa (hable con uno de Madrid y otro de Palencia que han corrido una docenas de medias y maratones por toda europa, entre ellas las de Berlin, Praga, Viena y Estocolmo entre otras) que no hay nada que se asemeje a la Behobia, pero yo os digo que si la maratón cuenta con público igual de entusiasta y entregado que el de esta carrera, seguro que se os escapa mas de una lágrima y por supuesto vais a dar un poco mas de lo máximo, ese poco más que no sabemos que tenemos y que yo he sacado en esta ocasión. No os puedo dar mas detalles porqué esta experiencia ha sido inenarrable. Os invito a realizar alguna vez esta prueba porque no creo que experimenteis unas sensaciones como las que yo he experimentado. Yo si no hay causa de fuerza mayor, no me la pienso perder mientras mi cuerpo siga corriendo. Seguro que se me quedan montones de detalles en el tintero pero todavia no logro asimilar dicha experiencia para plasmarlos todos en el papel: INOLVIDABLE

martes, 19 de abril de 2011

El triatlón de los inconvenientes

Por Ana.

¿Por dónde empezar? Va a ser mejor si empezamos por el principio, ¿no? Pues eso. Belén (alias “la amparo”) y yo quedamos el mismo día del triatlón para recoger los dorsales en el Hotel Barceló. Entramos, recogimos todos los artilugios (pegatinas, chip, gorro, pulsera, etc.) y echamos un vistazo a los stands de la feria del triatleta. Me compro una cinta para sujetar el dorsal por el módico precio de 10 € y seguidamente pasamos a otro stand donde las vendían a 5 pavos, primer golpe de suerte del día (la amparo, que es muy lista, se la compró aquí). A continuación, nos dirigimos a coger mi bici del coche. La saco y, casi sin darme cuenta, cierro el maletero, que se queda medio pillado y… ¡ohhhhh, las llaves están dentro! Efectivamente, había sacado la bici pero no todo el material que tenía que depositar en el box. Rápidamente nos vamos a un stand en el que se podían poner las bicis a punto y le pedimos a la gente de allí que nos guarden las bicicletas, que hemos tenido un problemilla y tenemos que ir volando (porque el box lo cerraban a las 15.30 h.) a por unas llaves de repuesto del coche. Al final llegamos a tiempo para poner todas las cositas bien puestas en el box (momento en que se me rompe el dorsal) y así perder el menor tiempo posible en la transición. Entre pitos y flautas eran las 4 de la tarde cuando empecé a comer. Breve siestecita luego y pitando para el CAR, no sin antes ingerir un ibuprofeno para el leve dolor de cabeza (seguro que era por el estrés del jartón de correr que nos habíamos metido por la mañana).

La primera en la frente. Para aparcar tenemos que hacerlo en los aparcamientos que hay cerca del rokódromo del puente del Alamillo, cosa que veo fenomenal si no fuera porque el acceso está en la parte más cercana al roko, lo cual te hace dar una vuelta tremenda para salir del aparcamiento. Pienso: coño, ¿por qué no abren por el otro lado más cercano al CAR? Pues esta caminata tuvo sus consecuencias: una rozadura y una ampolla (las mierd… de chanclas).

La segunda también en la frente. Al llegar a la puerta del CAR me mosquea un poco el hecho de que la gente no esté colocada detrás de las vallas. Evidentemente, es la peña la que tiene la responsabilidad de hacerlo, pero tampoco vi a la organización hacer nada al respecto. Y sí, hubo varios triatletas que al pasar con las bicis soltaron un grito viendo a la gente cruzar sin más. Ya dentro un poco de caos. Veo a un participante discutiendo con una de las voluntarias que le había cerrado la puerta del box en la cara. Tuvo que venir alguien de la organización para explicar por megafonía las normas, cómo se hacían las transiciones, etc.

Y llegó el momento, ¡super sprint al agua! Y allí estábamos la amparo y yo con la risa tonta antes de empezar. La verdad es que esta parte de la prueba no se me hizo tan insufrible como el año anterior, pero la explicación no está en el entrenamiento (hacía justo un año que no nadaba), sino en el relax con el que me lo tomé. Pasaba de ir a full desde el principio. Lo hice a croll, pero las piernas, que es lo que más me suele cansar, las utilicé más bien poco. Subí la rampita corriendo (sin la cara de poema del año pasado, Luis) y me dirigí a mi box. Empecé a notar un mareo curioso, así que me puse la camiseta, las mallas y… tuve que sentarme. Entonces pensé: paso, me da igual perder tiempo en la transición, vaya empanamiento que tengo. Logro colocármelo todo y veo a la amparo que está buscando desesperadamente un broche que se le ha caído de la cinta “sujetadorsal”, claro, lo barato sale caro, jaja. Lo encuentra y salimos pitando. Primera vuelta en bici alrededor del Parque del Alamillo, y cuando llegamos de nuevo a la rotonda del CAR los voluntarios nos indican que continuemos hacia el interior del CAR, yo, en ese momento, pienso que hay que darle una vuelta a la rotonda para subir hacia el puente del Alamillo, pero cuando me doy cuenta, estoy dentro del CAR. Entonces se me ocurre que lo mismo hay que salir por otro lado para subir al puente, pero no, los voluntarios nos indican hacia el box, a lo que nosotros (éramos como diez) les decimos que no habíamos hecho aún los 10 km. En ese momento, dos miembros de la organización, de los que van montados en moto, me dicen de reguleras maneras que estoy obligada a saber el itinerario. La verdad, ni les contesté porque me iba a cabrear más de lo que estaba. Le grité a la amparo: vamos, vamos. Salimos de nuevo del CAR y pasé por encima de una precinto para subir dirección al puente, en fin, ya que nadie de la organización sabía decirnos qué teníamos que hacer, tiré por donde me dio la gana. En la bici fuimos más o menos bien, aunque tenemos la sensación de que adelantamos a menos gente que el año pasado. Bien es verdad que había un vientazo en contra de la leche. Hubo amago de salirse la cadena, aunque me libré. Pero la amparo no se libró de otro pequeño percance, se le cayó el bidón de agua y lo atropelló, jaja. El momento de “pérdida” me había robado concentración e ilusión, pero volví a retomar un poquito de ambas cosas cuando vi a mi hermano en la pasarela de Cartuja corriendo junto a nuestras bicis y dándonos ánimo.

Llegamos al CAR, soltamos las bicis y empezamos a correr. Las sensaciones fueron infinitamente mejor que las del año pasado. Las piernas, aunque un poco raritas, respondían más o menos. Justo al salir del CAR estaba el avituallamiento en el que nos esperaba un pasillo de… ¿unos doce voluntarios? Que conste que suelo agradecer infinitamente a la gente que te anima en este tipo de pruebas y normalmente les aplaudo a la vez que ellos nos aplauden a nosotros, pero la sensación de pasar por un túnel con gente “gritándote” no fue nada agradable. Lo entiendo: jóvenes, voluntarios y con ganas de pasarlo bien, pero agradecería que para próximos años hubiera un poquito de menos efusividad en este aspecto. Esto me mosqueo un poquito más… Continuamos la carrera las dos amparos juntas. El primer km me encontré más o menos bien, pero de momento vino la sensación chunga (aunque adelantamos a varios triatletas), me entró el flato y veía que Belén miraba de reojo para ver dónde iba yo. Me agobié, no me gusta que me esperen y más cuando veo que la otra persona va genial, así que le grite: ¡dale tú, dale tú!! Y ella me gritó: ¡coño, venga ya!! Jaja, vaya gritos que nos metimos, amparo, jajajaja. Habían cambiado el recorrido con respecto al año pasado, pasamos por un trozo con mogollón de piedras, no veía la meta y mi cabeza ya se había ido de parranda. Al final entramos las dos juntas, por mi parte, con más pena que gloria, pero lo terminamos. ¿Tiempo?? Ni idea. La amparo no llevaba crono, a mi se me olvidó poner en marcha el mío, tampoco vimos si había tiempo a la llegada y a día de hoy (lunes), no han salido las clasificaciones, vamos, un desastre.

En definitiva, me ha quedado una sensación rara, no sé si el año que viene me inscribiré, siento que no lo he disfrutado todo lo que debiera, porque cuando la organización no funciona la cabeza tampoco. Aún así, siempre es un gustazo hacer cosas junto a mi amparo.